20/2/13

Reseña de "Un minuto de retraso sobre lo real", por Verónica Aranda

Abbas Beydoun es un poeta árabe de los que “nunca sueñan con Al-Ándalus” como se definió en una entrevista en 2010 en Córdoba. Su poética, alejada de la alambicada retórica árabe clásica, y de las líneas de poesía mística o de compromiso, bebe directamente de la tradición europea, cobrando una enorme profundidad que rompe el muro entre Oriente y Occidente. Nacido en Tiro (Líbano) en 1945, Beydoun fue encarcelado en 1982 durante la invasión israelí del Líbano por su vinculación con los movimientos de izquierda. Además es novelista, traductor y director de la sección cultural del diario As-Safir desde 1997. Un minuto de retraso sobre lo real (Vaso Roto, 2012) recopila tres libros de Abbas Beydoun de tono muy diferente, escritos en prosa poética y traducidos magistralmente por Luz Gómez García, recientemente galardonada con el Premio Nacional de Traducción... Seguir leyendo »

7/2/13

Reseña de "Un minuto de retraso sobre lo real", por Alberto García-Teresa

Sin presencia previa en nuestro idioma, la poesía de Abbas Beydoun pone de manifiesto una voz coherente e indagadora, rica, llena de matices y de resonancias que se desplazan entre los poemas. El presente volumen agrupa tres libros del poeta libanés, nacido en 1945, y que fue encarcelado cuando Israel invadió Líbano, en 1982, debido a su relación con los movimientos políticos progresistas. Se trata de tres conjuntos publicados originalmente entre 2005 y 2008, compuestos, en su mayor parte, por poemas en prosa, que aparecen en una edición muy cuidada, como suele hacer Vaso Roto... Seguir leyendo »

12/12/12

Reseña de "Un minuto de retraso sobre lo real", por Ariadna G. García

Si los nazis normalizaron las prácticas de exclusión social, elevando el racismo a sistema de gobierno, el poeta libanés Abbas Beydoun propone el camino contrario en su libro Una temporada en Berlín (2005), la primera de las tres obras que componen el volumen conjunto Un minuto de retraso sobre lo real (Vaso Roto, 2012). En esos textos no sólo denuncia los campos de exterminio de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, sino que busca la empatía entre las gentes (con independencia de su país de origen) derribando las fronteras del lenguaje: los límites que imponen las palabras... Seguir leyendo »

8/11/12

Himnos de paz en guerra, por Vicente Molina Foix

Intriga y estimula leer estas líneas: “Seduzco a una mujer con la herida del pecho, con la herida de la pierna. La atraigo con el dedo roto hacia la cama”. Las palabras proceden de un poema titulado Frialdad,  y están en el recién aparecido libro de Abbas BeydounUn minuto de retraso sobre lo real (Vaso Roto, Madrid/México, 2012). ¿Y quién es Abbas Beydoun? Yo no le conocía hasta que hace unos días llegó a mis manos este bellísimo libro de prosas poéticas, traducido del árabe con su habitual calidad por Luz Gómez García, quien, en una larga trayectoria, ha hecho conocer en España a uno de los grandes poetas del siglo XX, el palestino Mahmud Darwix, fallecido en 2008. Beydoun, libanés de Tiro, nacido en 1945, es además periodista y novelista, y recogió en libros anteriores sus conversaciones con Darwish y su propia experiencia carcelaria tras la invasión israelí de su país. Vaso Roto anuncia nuevas publicaciones poéticas suyas.
Recuerdo de mi único viaje a Líbano, hace casi tres años, la impresión de sus mujeres, jóvenes y maduras, con o sin velo, fumando en los cafés del centro no solo cigarrillos sino la tradicional pipa de agua o narguile, en una muestra de libertad, al menos gestual, difícil, cuando no suicida, en otros países árabes. Seguía viva la reminiscencia de la guerra civil acabada en 1990, y visibles las cicatrices de los bombardeos israelíes en la operación Lluvia de Verano de 2006, pero al atardecer, la capital, Beirut, aún con los tanques del ejército en muchas esquinas, se llenaba de un plácido y jovial discurrir de gentes muy similares a nosotros no solo en rasgos físicos sino en la ansiosa búsqueda de una felicidad tan a menudo esquiva. ¿O es que vamos a creer que en Líbano y en Túnez, en la franja de Gaza, en el Egipto de las revoluciones, y hasta en la martirizada Siria, no hay lugar para que alguien, sobreviviendo a la tragedia y al dolor, tenga un pensamiento lírico, un arrebato erótico, una salida humorística, y los ponga por escrito?
Darwish fue el prototipo de ese poeta nunca abrumado por la historia, que tanto pesa en sus versos, pero no el único. Días antes de leer al libanés Beydoun, conocí en las jornadas poéticas de Cosmopoética, en Córdoba, al egipcio Ahmed al-Shahawi, a punto de volver a las incertidumbres políticas de su país. No sin antes dar a conocer sus versos de Nadie piensa en mi nombre, editados el año pasado en Costa Rica, y donde leemos en su brillante poema Imágenes celestiales: “En la niñez, / me criaron los gusanos de seda. / A los cuarenta / -a pesar de la profecía-, / aún no he salido de la crisálida” (la traducción en este caso es de Mohamed Abuelata). Solo entenderemos el calibre de lo que sucede, no todo positivo, en los bullentes países del Oriente Próximo cuando también leamos a sus muy notables escritores, entre los que cuento desde hoy a Abbas Beydoun, quien en el primer libro de los tres que componen Un minuto de retraso sobre lo real traza sus experiencias, algunas muy divertidas, en Alemania, convoca con sentido a Brecht, a Günter Grass, a Kiefer, a Stockhausen, y a la vez no pierde la memoria histórica de la gravedad, como en el poema de la última parte que gira en torno a un paquete bomba encontrado en una zona de su ciudad: “El paquete también desapareció, quizá en nuestras cabezas, igual que en nosotros una guerra tras otra ha dejado bombas sin estallar”.


Tiempo, 2/11/12

22/7/12

Publicación de "Un minuto de retraso sobre lo real", de Abbas Beydoun


video

Abbas Beydoun, Un minuto de retraso sobre lo real, traducción de Luz Gómez García, Madrid/México, Vaso Roto, 2012.

12/6/11

Abbas Beydoun en "Letras libres"

La revista Letras libres acaba de publicar en sus números 150 (edición mexicana) y 117 (edición española) el poema de Abbas Beydoun "La frontera natural", en traducción nuestra.

23/5/11

El soldado

Desde ahora soy el soldado de mi vida. La sirvo como sirvo a mi bandera, el soldadito de mi vida soy, mi sola tarea es desfilar. Yo con mis zapatos lo haré. El viento en la cara. En mi pecho canta, avanzo. Se enciende mi sangre, me chorrea la existencia por la camisa, avanzo. Firmes las rodillas, llenas de secretos y de fuerza, avanzo. Pasos rotundos y prietos, imprimo mi corazón, imprimo mi alma, le doy un puntapié, avanzo. A cada paso encierro y libero una vida bajo mi pie, agarro mi destino y lo aplano. Ahí está, el soldadito de mi vida, mi sola tarea es desfilar.

Traducción de Luz Gómez García

8/5/11

La vida en una maleta

Se puede reducir la vida a una maleta: no es más que el conjunto de lo que se queda y de lo que hay que llevar. Puede luchar en una laringe herida o golpear en un bronquio. Es que tú no sabes en qué momento estás solo en tu garganta o en una vértebra, o en el espíritu que se desprende de tus uñas. Se puede reducir la vida a una sola maleta, con unos zapatos relucientes y un libro nuevo —tú no te irás con bártulos viejos, dejas junto lo que se queda y prefieres comprarlo nuevo. Pero los muertos no viajan, residen en un palmo de recuerdos y es difícil arrancarlos del suelo; de todos modos, y sin que sepamos cómo, llegan antes que nosotros.

Traducción de Luz Gómez García

24/4/11

El destino de Imre Kertész

Imre Kertész pasó por delante de la cámara de gas, vio allí su destino que ya no vería.

Después se hizo cargo de su cuerpo en los campos de concentración y aprendió de una larga herida en la pierna. Se tropezó a plazos con su vida, la encontró cada vez junto a algo distinto, cada vez en un campo distinto.

Ante él su destino reculaba como la cámara de gas, ante él su vida reculaba como la cámara de gas, no la atrapaba, y eso que todo entraba en el hueco de su rodilla y en las marcas de su cuerpo.

Su destino es más fuerte que él y su vida un hueco contiguo a su corazón, pero él se perderá en los destinos errantes de los que perdieron la vida en las cámaras de gas. Su vida se alojará en el hueco contiguo a su corazón, la atropellará y no la verá. Será el camino de regreso de un amigo muerto o un mapa dejado por sus torturadores en el Holocausto. No hallarás tu destino, Imre Kertész, no busques en más sitios, tu billete está bajo tu lengua y tu cuerda en tu omóplato, no busques más.

No hallarás tu destino en el camino a Haifa, que la ironía te prive de plantear acertijos al diablo, de decir una frase que ha de volver a ti como una serpiente escurridiza.

Traducción de Luz Gómez García

8/4/11

El museo judío

Los recuerdos están expuestos en las troneras de cristal, liberados de la crueldad, el duelo y lo ineluctable, pero una vez entres sólo hallarás el juego del horror. No oirás con facilidad el sufrimiento de los judíos, no en los rostros metálicos que pavimentan el pasadizo. Alguien los moverá con el pie y no sabrá que con ese simple gesto se convierte en demonio. Será involuntario e inocente, pero el chillido del hierro le delatará y se le condenará en el acto. Enseguida será sospechoso del chirrido de los que murieron asfixiados en las cámaras de gas. Dicen que no es más que un ruido molesto, pero temes haber entrado sin saberlo en un negro registro, o que por error se te haya convocado ante la Historia.

Será un ruido molesto o una mala imitación del Juicio Final —ignoras cuándo te conviertes en cómplice. Una vez entres habrá quien te pida, de rodillas o amenazante, que contribuyas a la redención.

Los rostros te llaman para que los pises, para que se cumpla el designio y sean liberados. Una vez entres habrá quien quiera forzarte a que te pongas un traje moteado o una máscara, los testigos están muertos y sólo quedan los verdugos en potencia. El asesino siempre está enfrente. Es el que echa un vistazo al patio, o quizá el que lee la información sobre las ejecuciones en la hoja que tiene delante, o tal vez el poeta que juega con palabras quemadas, o a las que fustiga para que sufran de nuevo.

Te borras en el acto ante una información sobre Ruanda, Bosnia o Bagdad. Si no te pones el capuchón de torturador y haces que suene el sordo ruido metálico de las masacres que cayeron en el olvido, se te designará único sospechoso del complot que se saldó con una fecha negra y del que no quedan sino copias falsas.

Si ves los troncos de cemento suspendidos, no temas que se caigan, no serás tú el asesino. No te asustes si ves algo parecido a pelo humano salir de sus cabezas, sabrás que el grito que condena al mundo vive encerrado en sus profundidades.

Traducción de Luz Gómez García

24/3/11

Un árbol con pinta de leñador

Un árbol calvo, le crece en la copa un pelo tieso medio de hombre, no hay esperanza de que le salgan ramas. De tal modo se ha adueñando de él una forma humana que casi tiene pinta de leñador, y con su cara de espantapájaros que se ríe de sí mismo hasta podríamos pedirle que cazara pájaros.

Le resultará difícil después de bailar al viento levantar las puntas y girar alborozado. Está medio cojo y tiene un aire rústico, como es de rigor en un árbol con pinta de leñador, y ha de soportar un montón de dolor para tenerse en pie.

Le crecerán cabezas en lugar de manos y una obligación desconocida le sacará el ceño. Sus raíces tirarán hacia las alturas y se volverá un gorrón, pero esta vez sabrá lo que es el dolor de cabeza y aprenderá a vivir contra su voluntad y boca abajo, contra su voluntad y con el viento en contra.

La tormenta lo hendirá y no dejará de hablar a su cresta para que no se duerma. Será madera para el rayo y comprenderá que tal es su segunda naturaleza.

Claro que no podremos imaginarnos los finales destartalados que le aguardan a un árbol calvo, pero le costará mantener el equilibrio, todo movimiento en este mundo será forzado y conllevará dolor. Comparado con un árbol, ahora es un demonio. No tendrá más vecino que un hoyo abandonado, pero a cambio aprenderá a jugar consigo mismo. Podrá odiar o temer sin ayuda de nadie. Le basta con contemplar la pinta de leñador que tiene y su planta de cojo. Ha entrado por error, y contra natura, en la condición humana.

Traducción de Luz Gómez García

8/3/11

Las esculturas de Scheib

Las criaturas de madera de Scheib no hablarán en el vientre del gran estudio como Pinocho en el de la ballena, nadie las vomitará como a él de las tinieblas del piso treinta a la calle. No se repetirá el toque que acarició a Pinocho como una pluma, los maderos de Scheib no sanarán de los golpetazos que los acallaron para siempre, ni de su deseo reprimido de contestar al agresor.

El escultor sufrirá la misma maldición, y algo en su alma y en su ojo se acorchará.

Una violencia que supera al arte, que deja deformidades semihumanas. De una crueldad excesiva contra las cosas nace una fealdad semejante a la naturaleza humana. Hay algo doloroso o canalla en las criaturas de Scheib, o es el dolor mismo en otra lengua.

Han de emprender viaje si quieren salir de las fauces del estudio. Han de chocar con las piedras y el agua y exponerse a una inmensa bufonada y a bobadas de todos los colores, han de romper muchos muros antes de llegar y partirse la nariz en los muros.

Scheib salió en coche de Berlín Este hacia el Oeste, y ellas tuvieron que trepar y destrozarse en el muro.

Traducción de Luz Gómez García


24/2/11

Falsificación

Un recuerdo tiembla, babea, y le mojará la ropa si me quedo aquí parado lamentando su triste suerte. Es el alzhéimer de mi madre, que engulle todas las ramas de mi vida, y se le cae la saliva. Me esfuerzo en limpiarlas, pero en mi torpeza rompo la mayoría, y así satisfago mi afición a acumular cajas destrozadas.

Estuve a su cabecera en el hospital. Me fue entregando mi vida trozo a trozo, y cuando le quité la caca y los vómitos encontré las galletas que se había privado de comer por mí, y todas las cosas rojas con las que me había alimentado a la fuerza.

Encontré los extraños métodos de los que se servía para privarme de los ojos azules de mi padre y de su mentón cuadrado, que se convirtió para siempre en la acrópolis de mi vida.

Encontré una foto original mía sin las piernas cortas ni la boca grande. Siempre he pensado que me quedé así por un burdo truco, que alguna mala idea quiso que yo fuera su igual, alguna tortuga quiso que yo fuera su igual, o un miedo puesto boca abajo.

Se trataba de que me fuera dando de bruces y que una mala opinión me siguiera de por vida como un ratón. Tengo todos los síntomas de haber sido objeto de una tremenda falsificación, pero eso ya no importa. Salgo del cine con un espeso flequillo y no quepo en la calle, el amor se halla en abundancia aquí, y en la noche pienso como un hombre con el mentón cuadrado y los ojos azules.

Traducción de Luz Gomez García

8/2/11

La diferencia

X baila sobre dos patas de palo, sorprende que pueda hacerlo sin piernas, pero él cree que es cuestión de sensibilidad, que si tuvieran más tacto no verían la diferencia. Oye los golpes de su pie como si no fueran con él, la madera sólo habla de sí misma. No siente la ropa: su cuerpo tiene que enmudecer del todo o hacerse entero de palo —piensa que ésta es la diferencia que nadie ve.

Sorprende que no se caiga. Es un perfecto remedo de sí mismo, es casi el X de antaño, pero él cree que es cuestión de sensibilidad, que si tuvieran más tacto no verían la diferencia. Si tuvieran más tacto, no pensarían en él como en el mero arte de dos maderos, dedicado a entrenar un leño para que se sostenga como una pierna. No le tomarían por un leño que baila.

Si tuvieran más tacto, sabrían que al bailar mata su cuerpo y su espíritu: una herida que se seca y deja de gritar se convierte en madera, y permite que un hombre venda su suerte por un par de leños. Ésa es la diferencia que nadie ve.

Traducción de Luz Gómez García